La mente creativa juega con los objetos que ama.
Jung
Cuando hacemos una fotografía, no solo elegimos lo que queremos mostrar. También intervienen nuestras emociones, nuestros recuerdos, nuestras experiencias y nuestra particular manera de mirar el mundo.
Piensa, por ejemplo, en dos personas que caminan por el mismo lugar. Una observa la luz que atraviesa una ventana; la otra fotografía una hoja en el suelo. Ambas están viendo el mismo entorno, pero algo diferente ha despertado su atención. Quizá una ha encontrado belleza en la luz y la otra ha sentido nostalgia ante el inicio del otoño.
Lo que sentimos influye en lo que miramos, y lo que miramos puede ayudarnos a comprender aquello que sentimos.
Pero ¿cómo se transforma esa experiencia emocional en una fotografía creativa? ¿Cómo podemos desarrollar una mirada propia, capaz de expresar algo más que aquello que tenemos delante?
En este artículo te invito a reflexionar sobre la relación entre emoción, creatividad y expresión fotográfica, y sobre dos elementos que considero fundamentales para desarrollar nuestro lenguaje artístico: la investigación y el aprendizaje, que nos permiten ampliar nuestra manera de mirar, y la emoción, que nos ayuda a descubrir qué imágenes tienen un significado que nos vale la pena.
Aprender fotografía también consiste en aprender a reconocer aquello que nos conmueve.
Hay fotografías que hacemos con los ojos, pero que comienzan mucho antes,
en algún lugar de nuestra memoria y de nuestra emoción.
¿Qué es la creatividad en fotografía?
Cuando hablamos de creatividad fotográfica podríamos pensar en esas fotografías que utilizan herramientas tecnológicas para plasmar lo imaginado, casi como un sueño, alejado de lo real, pero hermoso. Imágenes mentales que se convierten en realidad, hay quien lo llama fotografía creativa.
Por otro lado, estarían las fotografías reales, esas poco manipuladas pero que captan instantes únicos que solo aparecen bajo la mirada de la persona que hace la fotografía, una mirada subjetiva e íntima.
En cualquiera de las dos opciones el proceso creativo es el que nos va a permitir desarrollar un estilo particular que muestra la propia percepción del mundo más que su mera reproducción.
Añadir esta visión personal a la fotografía es dar el paso de reproducir a expresar, desde la ciencia al arte. La creatividad, en este sentido, será aquel movimiento que consigue que la imagen exprese lo que yo quiero que exprese: La fotografía como proceso creativo único, como mi expresión artística personal.
El filósofo y pedagogo John Dewey (1859-1952) defendía en El arte como experiencia (1934) que el arte no puede entenderse únicamente a partir del objeto que producimos. Su verdadero significado está también en la experiencia que vivimos durante el proceso creativo.
Desde esta perspectiva, fotografiar implica establecer una relación activa con nuestro entorno. Observamos, seleccionamos, interpretamos y otorgamos significado a lo que encontramos. La imagen final es importante, pero también lo es todo aquello que sucede mientras la construimos.
Esta concepción resulta especialmente interesante para comprender la fotografía como herramienta de desarrollo personal. Una fotografía puede ser técnicamente sencilla y, sin embargo, representar una experiencia profundamente significativa para quien la realiza.
La creatividad no reside exclusivamente en producir imágenes extraordinarias, sino también en descubrir nuevas formas de mirar lo cotidiano. Quizá la fotografía comienza mucho antes de pulsar el disparador: en ese instante en el que algo del mundo encuentra un lugar dentro de nosotros.
¿Y cómo llego a qué mi fotografía sea mi expresión artística?
Esto no es gratis, requiere dos elementos clave:
1. Una labor de investigación y documentación, desde una mirada absolutamente personal y auténtica. Si para un idioma tenemos que escuchar, leer y hablar, lo que llamamos inmersión lingüística, en fotografía tenemos que ver (visitar exposiciones, ver documentales, catálogos…), leer (el trabajo de artistas, fundamentos, biografías…) y fotografiar, esto es: inmersión fotográfica.
Nuestra creatividad se alimenta de nuestras experiencias y de los conocimientos que vamos incorporando. Cuantas más imágenes conocemos, más posibilidades tenemos de establecer relaciones, reconocer influencias, cuestionar convenciones y descubrir caminos propios.
Las fotografías que elegimos observar, las que rechazamos y aquellas a las que regresamos una y otra vez pueden ofrecernos pistas sobre nuestros intereses, valores y sensibilidades.
Aprender a mirar las imágenes de otras personas puede ayudarnos a descubrir nuestra propia mirada.
2. Escucha tu vibración, siente tu cuerpo mientras fotografías o investigas. La mayoría de artistas hablan de esa fuerte emoción que se siente cuando sabes que ya has conseguido la fotografía que buscabas, cuando la calle te regala el momento preciso o encuentras la mirada adecuada en la persona que retratas. Roland Barthes lo llamaba punctum, a mí me gusta hablar de vibración cuando realizamos la «fotografía precisa» o cuando vemos el trabajo de alguien que nos apasiona. Esa que sucede a dos centímetros bajo el ombligo y que explica la inteligencia intuitiva. . La expresión artística es un proceso comunicativo entre artista y espectador, pero también entre artista y lo representado. En ambos casos intervienen la percepción, comprensión, entendimiento y la dimensión emocional y cultural.
En La cámara lúcida (1980), el filósofo y semiólogo Roland Barthes distinguía entre el studium, relacionado con el interés cultural y consciente que nos despierta una fotografía, y el punctum, ese detalle que nos afecta de manera inesperada y profundamente personal.
El punctum no tiene por qué coincidir con aquello que la persona que hizo la fotografía pretendía mostrar. Puede ser un gesto, una mirada, una ausencia o un elemento aparentemente insignificante que despierta nuestros recuerdos y emociones.
Esta distinción permite comprender algo importante: una fotografía nunca tiene exactamente el mismo significado para todas las personas.
Nuestra biografía participa en la interpretación de las imágenes. Lo que nos conmueve está relacionado con lo que hemos vivido, con aquello que recordamos y con la sensibilidad que hemos desarrollado.
La vibración que sentimos ante una fotografía puede ser una invitación a parar y preguntarnos qué está sucediendo dentro de nosotros. Hay imágenes que miramos y otras que, sin saber muy bien por qué, se nos quedan dentro.
La inteligencia intuitiva y las emociones en creatividad son fundamentales. La «vibración» influye directamente en nuestro sistema cognitivo, en cómo y qué percibimos. Detonan transmisores neuroquímicos que bañan zonas particulares de nuestro cerebro, modificando la percepción y la toma de decisiones. Esto lo sabe muy bien la neuroeducación, nuestras emociones cambian la manera en la que pensamos y son guía de nuestro comportamiento y de lo que miramos. Permiten realizan valoraciones rápidas: –Esto es aburrido, aquí hay potencial, esto es bonito. Pero lo más importante es que van a marcarte el camino a seguir en tu investigación y en el desarrollo de tu expresión artística.
Psicología y evidencia científica
La psicología contemporánea ha demostrado que emoción y cognición son procesos estrechamente relacionados. Las emociones intervienen en nuestra atención, en la interpretación de las situaciones, en la memoria y en la toma de decisiones.
El psicólogo James J. Gross, uno de los principales investigadores de la regulación emocional, desarrolló un modelo que explica cómo podemos influir en nuestras experiencias emocionales a través de diferentes procesos, entre ellos la selección de situaciones, la orientación de la atención y la reinterpretación de lo que vivimos.
Desde este marco podemos comprender mejor que cuando elegimos qué fotografiar, dónde dirigir nuestra atención o cómo representar una experiencia, estamos tomando decisiones que pueden modificar nuestra relación con aquello que sentimos.
Esto no significa que hacer fotografías produzca necesariamente una mejora emocional, sino que puede ofrecernos un espacio para observar, reconocer y expresar nuestra experiencia.
Pero crear también implica atravesar emociones difíciles. La tristeza, la incertidumbre, la nostalgia o la inquietud pueden convertirse en temas de investigación artística. No necesitamos sentirnos bien para crear, ni todas las emociones tienen que transformarse en experiencias agradables.
La fotografía puede ofrecernos un lenguaje para explorar la complejidad de nuestra vida emocional.
Daniel Goleman, autor de inteligencia emocional, señala que tenemos dos mentes, una que piensa y otra que siente. Ambas igual de importantes. Las emociones son tan fundamentales como el pensamiento lógico, lineal y verbal del hemisferio izquierdo. No pensamos sólo con un único hemisferio, sino que los dos son necesarios. Tampoco nos limitamos a procesar la información, además la sentimos. Investigación y vibración-emoción son importantes para nuestro pensamiento creativo.
Aunque existen funciones con cierta especialización hemisférica, el pensamiento creativo, el razonamiento y la experiencia emocional implican la actividad coordinada de múltiples redes cerebrales.
La creatividad no pertenece a un único hemisferio, del mismo modo que emoción y razón no funcionan como sistemas completamente independientes.
Desde esta comprensión más integrada, podemos considerar la expresión fotográfica como una actividad en la que participan simultáneamente la percepción, la memoria, la imaginación, la emoción y la reflexión.
La intuición artística tampoco debe entenderse como un mecanismo misterioso: puede estar relacionada con aprendizajes previos, asociaciones rápidas, experiencias acumuladas y procesos de valoración que no siempre llegan inmediatamente a nuestra conciencia.
Por eso disfrutamos contemplando algunas fotografías y nos encanta mostrar aquellas que nos hacen sentir alguna emoción. Por eso, hay imágenes que nos traen recuerdos, olores, sensaciones táctiles, y otras que nos chirrían.
Crear es generar más, nuevas y mejores ideas con valor, dice la pedagoga experta en creatividad Angélica Satiro. Lee, investiga, busca, aprende, saborea, siente, duda, practica, fotografía, diviértete, ríe, llora, sufre, preocúpate, descansa, disfruta…
Somos un gran catálogo de imágenes, llevamos dentro imágenes que a lo largo de nuestra vida nos han ido configurando, que tienen que ver con vivencias y experiencias personales, otras están relacionadas con nuestros intereses o formación. Tu expresión fotográfica está dentro de ti, esperando que la mires y trabajes en ella.
Me gusta pensar que nuestra mirada se construye a lo largo de toda la vida. Está formada por aquello que hemos aprendido, por las personas que hemos conocido, por nuestras experiencias, nuestros deseos y también por nuestras pérdidas.
Cuando fotografiamos, todo ese mundo interior participa, de una manera u otra, en nuestras elecciones.
Elegimos acercarnos a determinados lugares, detenernos ante ciertos rostros, buscar algunas luces o representar determinadas ausencias. Y aunque muchas de estas decisiones parezcan espontáneas, están relacionadas con nuestra historia y nuestra sensibilidad.
Por eso considero tan importante prestar atención a lo que sentimos mientras fotografiamos. Escuchar nuestras emociones no significa dejarnos arrastrar por ellas, sino reconocer que forman parte de nuestra experiencia y que pueden ofrecernos información valiosa.
La creatividad fotográfica es también una oportunidad para desarrollar una relación más consciente con nuestra propia mirada.
Nos podemos preguntar ¿Qué fotografías necesito hacer en este momento de mi vida y qué pueden contarme sobre mí?
Porque cada fotografía puede abrir una relación con el mundo, pero también con nuestra propia historia.
Encontrar nuestra mirada consiste en aprender a reconocer aquello que siempre ha estado esperando ser visto.
Referencias bibliográficas y científicas
- Barthes, R. (1980). La chambre claire: Note sur la photographie. Gallimard.
- Dewey, J. (1934). Art as Experience. Minton, Balch & Company. Consultar
- Fredrickson, B. L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist, 56(3), 218–226. https://doi.org/10.1037/0003-066X.56.3.218
- Gross, J. J. (1998). The emerging field of emotion regulation: An integrative review. Review of General Psychology, 2(3), 271–299. https://emotion.wisc.edu/wp-content/uploads/sites/1353/2021/11/Gross-1998-The-Emerging-Field-of-Emotion-Regulation-An-Integrative-Review.pdf
- Saita, E., & Tramontano, M. (2018). Navigating the complexity of the therapeutic and clinical use of photography in psychosocial settings: A review of the literature. Research in Psychotherapy, 21(1), 293. https://doi.org/10.4081/ripppo.2018.293
- Chen, Y., Zhang, Y., Liu, J., & Gan, Y. (2026). Nature-based meaning-focused photography intervention enhances subjective well-being: A three-arm randomized controlled study. Applied Psychology: Health and Well-Being, 18(5), e70218. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42725703/
Si quieres aprender más sobre fotografía y desarrollo personal te invito a conocer:










