¿Alguna vez has vuelto a mirar una fotografía que antes te producía tristeza y has descubierto que ahora te despierta ternura, gratitud o incluso alegría?
La imagen sigue siendo la misma. Las personas, los objetos, la luz y el lugar son los mismos. Sin embargo, algo ha cambiado en nuestra manera de mirarla.
Puede que comprendamos mejor aquello que sucedió, hemos tomado distancia de aquella experiencia o ahora sabemos algo que antes no.
Las fotografías tienen esa capacidad de acompañarnos a lo largo del tiempo y ofrecernos nuevas lecturas de nuestra propia historia. Una imagen despierta emociones muy diferentes dependiendo de quién la observe, de sus experiencias y del momento vital en el que se encuentre.
Esta relación entre lo que percibimos, cómo lo interpretamos y lo que sentimos conecta con una cuestión fundamental de la psicología: ¿cómo regulamos nuestras emociones?
¿Qué sabemos sobre cómo regulamos nuestras emociones?
Durante mucho tiempo, una parte de la investigación en neurociencia ha intentado identificar qué regiones del cerebro intervienen cuando tratamos de modificar nuestras emociones.
Una de las estrategias más estudiadas es la reevaluación cognitiva, que consiste en cambiar nuestra interpretación de una situación para modificar la respuesta emocional que experimentamos.
No se trata de lo que nos pasa sino de cómo vivimos lo que nos pasa.
Imaginemos que nuestra mejor amiga lleva varios días sin responder a nuestros mensajes.
Podemos interpretar su silencio como una señal de rechazo y experimentar tristeza, inseguridad o enfado. Pero también podemos considerar que quizá está atravesando un momento complicado, tiene muchas responsabilidades o necesita tiempo para sí misma.
La situación permanece igual, pero nuestra interpretación puede transformar lo que sentimos.
Esta capacidad para reconsiderar el significado de nuestras experiencias constituye una de las estrategias de regulación emocional que se trabajan desde diferentes enfoques psicológicos.
Sin embargo, ¿existe una única manera de regular adecuadamente nuestras emociones? ¿Podemos identificar esa capacidad observando la actividad de determinadas regiones cerebrales?
Un estudio publicado en Nature, titulado Emotion regulation capacity lacks a shared neural signature, analizó conjuntamente los resultados de 40 investigaciones con 2.175 participantes.
Sus conclusiones cuestionan la idea de que exista un patrón universal de actividad cerebral que permita identificar quién regula mejor sus emociones.
Los investigadores encontraron que las medidas utilizadas para estudiar la regulación emocional, como la actividad cerebral, las experiencias emocionales comunicadas por los participantes y el uso habitual de determinadas estrategias, mostraban relaciones menos consistentes de lo que cabría esperar.
Esto significa que la regulación emocional es un proceso complejo que difícilmente puede reducirse a la actividad de una región concreta del cerebro.
También nos recuerda que las personas podemos utilizar diferentes estrategias para relacionarnos con nuestras emociones y que la eficacia de estas depende de numerosos factores.
Aunque la investigación no estudia específicamente la fotografía, sus resultados ofrecen un punto de partida sugerente para reflexionar sobre cómo las imágenes pueden ayudarnos a explorar nuestras experiencias emocionales.
Una fotografía, muchas emociones
Imaginemos una fotografía de un banco vacío en un paisaje.
Para una persona puede representar la soledad. Para otra, la tranquilidad de un atardecer. Alguien podría recordar a una persona querida que ya no está, mientras que otra persona encontraría en esa imagen una sensación de descanso y libertad.
La fotografía es la misma, pero las emociones que despierta son diferentes.
Además, estas interpretaciones pueden cambiar con el tiempo.
Una fotografía realizada durante una separación sentimental puede despertar inicialmente dolor o nostalgia. Tiempo después, esa misma imagen puede recordarnos nuestra capacidad para afrontar situaciones difíciles, las personas que nos acompañaron o las decisiones que nos permitieron iniciar una nueva etapa.
La experiencia vivida siempre permanecerá en nuestra historia, pero podemos descubrir nuevas maneras de comprenderla.
En este sentido, la fotografía nos ofrece una oportunidad para observar cómo construimos el significado emocional de aquello que miramos.
Podemos preguntarnos qué sentimos al contemplar una imagen, qué recuerdos despierta, qué pensamientos aparecen y qué aspectos de nuestra propia historia están presentes en esa interpretación.
Y también podemos hacernos otra pregunta: ¿Qué otras historias podría contarme esta fotografía ahora o en el futuro?
Fotografiar para descubrir otras maneras de interpretar
Cuando hacemos una fotografía tomamos decisiones constantemente. Elegimos dónde situarnos, qué incluir dentro del encuadre, qué dejar fuera, a qué distancia colocarnos y en qué momento pulsar el disparador. Cada una de esas decisiones modifica la imagen que obtenemos.
Un mismo lugar puede parecer acogedor o inquietante dependiendo de la luz. Un objeto cotidiano puede adquirir un significado diferente cuando nos acercamos a sus detalles. Una escena puede transformarse al observarla desde otro punto de vista.
Esta capacidad del lenguaje fotográfico para transformarse mediante el encuadre, la luz, la distancia o el punto de vista puede convertirse en una interesante metáfora de nuestros procesos psicológicos.
Del mismo modo que podemos cambiar el encuadre de una fotografía, también podemos explorar diferentes perspectivas sobre nuestras experiencias.
Todo depende del punto de vista desde el que miremos las cosas.
Pensemos en una persona que atraviesa un periodo de cambios importantes y siente incertidumbre ante el futuro. Podríamos invitarla a realizar una fotografía que represente esa incertidumbre.
Podría elegir un camino que desaparece entre la niebla, unas vías de tren que se pierden en el horizonte o el árbol más grande del parque cerca de su casa.
Después podríamos proponerle que observe la misma situación desde otra perspectiva y realice una segunda fotografía. Tal vez descubra un camino que continúa, unas piedras con formas, o una pequeña fuente de luz.
La intención sería explorar otras posibilidades de interpretación, ampliar su mirada y reconocer aspectos de la experiencia que inicialmente habían quedado fuera de su atención.
Este ejercicio puede relacionarse con la reevaluación cognitiva estudiada en psicología, aunque os recuerdo que la investigación de Nature no demuestra directamente los efectos de las actividades fotográficas sobre la regulación emocional.
La fotografía aquí es un recurso creativo para facilitar la reflexión y explorar nuevas perspectivas.
El autorretrato: observar nuestras emociones desde otro lugar
El autorretrato ofrece una posibilidad especialmente interesante porque nos permite convertirnos, al mismo tiempo, en quien crea la imagen y quien la observa.
Cuando realizamos un autorretrato podemos explorar cómo nos vemos, cómo nos sentimos, qué aspectos de nuestra identidad deseamos mostrar, incluso explorar algunos roles. También podemos utilizarlo para representar emociones que nos resultan difíciles de expresar con palabras o que no toleramos.
Una persona puede decidir fotografiarse para representar su tristeza, su miedo, su alegría o su vulnerabilidad. Puede hacerlo mediante la expresión corporal, la mirada, la luz, los objetos, los espacios o la relación que establece con su entorno, incluso sin salir su cuerpo.
Después, al observar la imagen, puede descubrir aspectos de la experiencia de los que no se había dado cuenta cuando hizo la foto:
¿Qué emoción aparece en esta fotografía?
¿Qué he decidido mostrar?
¿Qué parte de mí reconozco en ella?
¿Cómo me siento al observarme desde fuera?
Estas preguntas pueden abrir un espacio de exploración personal. Una emoción puede tener muchos matices, y el autorretrato puede ayudarnos a reconocerlos.
Evidentemente, la finalidad no consiste en conseguir una imagen bonita ni en representar correctamente una emoción, sino en utilizar la fotografía para investigar y explorar, con el objetivo de ampliar nuestra comprensión de lo que estamos viviendo.
Regular nuestras emociones también puede significar aprender a convivir con ellas
Cuando hablamos de regulación emocional, con frecuencia pensamos en reducir la tristeza, controlar el miedo o conseguir que desaparezca el enfado. Sin embargo, desde diferentes enfoques psicológicos, entre ellos la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), se plantea que una relación saludable con nuestras emociones también implica desarrollar la capacidad de reconocerlas, aceptarlas y responder de manera flexible.
Hay emociones desagradables que forman parte de experiencias profundamente humanas. Son emociones que debemos sentir, es saludable y normal sentirlas.
Sentimos tristeza cuando perdemos a alguien importante, miedo ante situaciones inciertas o enfado cuando percibimos una injusticia. Estas emociones pueden proporcionarnos información sobre nuestras necesidades, nuestros valores y nuestra relación con el entorno.
Por eso, regular una emoción no siempre significa intentar disminuir su intensidad. En determinadas circunstancias, puede ser más útil reconocer su presencia, comprender qué está sucediendo y decidir cómo queremos actuar.
La fotografía puede acompañarnos en este proceso. Podemos realizar una imagen que represente nuestro estado emocional sin intentar transformarlo inmediatamente.
BREAKDOWN – Michael TenBrink
Podemos observarla con curiosidad, reconocer las sensaciones que nos despierta y preguntarnos qué necesitamos en ese momento.
El descubrimiento puede ser que podemos sentir tristeza y, al mismo tiempo, experimentar gratitud. Que podemos tener miedo y avanzar. O que una emoción difícil convive con otras emociones igualmente importantes.
La fotografía puede ofrecernos un espacio para observar nuestras emociones, reconocer su complejidad y descubrir nuevas maneras de relacionarnos con ellas.
Una propuesta fotográfica: una emoción, dos miradas
Te propongo un ejercicio para explorar la relación entre fotografía, interpretación y emoción. Puedes realizarlo con tu teléfono móvil o con cualquier cámara. Lo importante será prestar atención a tu experiencia durante el proceso.
Primera fotografía. ¿Cómo me siento?
Piensa en una emoción que esté presente en tu vida en este momento. Puede ser alegría, incertidumbre, tristeza, ilusión, nostalgia o cualquier otra emoción que desees explorar.
Busca una imagen que represente cómo la estás viviendo. Puede ser un objeto, un paisaje, un espacio cotidiano, una sombra o un autorretrato.
Observa tu fotografía y reflexiona sobre qué pensamientos, emociones o recuerdos aparecen en la imagen.
Segunda fotografía. ¿Puedo mirar desde otra perspectiva?
Puedes ampliar el encuadre, cambiar de posición, acercarte a un detalle o fotografiar un elemento completamente distinto.
Reflexiona sobre los otros significados que puede tener tu emoción, qué aspectos se han quedado fuera de la experiencia y qué necesitarías para relacionarte de otra manera con la emoción.
Obsérvalas. Quizá descubras que la emoción inicial permanece, pero que ahora puedes reconocer otros matices, interpretaciones o posibilidades de respuesta.
También puede suceder que tu experiencia emocional no cambie. Eso forma parte del ejercicio: se trata de explorar y comprender, sin exigirnos un resultado determinado.
Aprender a mirar también es aprender a conocernos
La investigación publicada en Nature nos recuerda que las emociones y su regulación forman parte de procesos complejos, diversos y profundamente relacionados con nuestra experiencia individual.
La fotografía puede ofrecernos una manera de acercarnos a esa complejidad desde la creatividad, la observación y la reflexión.
Cuando fotografiamos, prestamos atención a determinados aspectos del mundo. Cuando observamos nuestras imágenes, podemos descubrir qué nos interesa, qué nos conmueve, qué recordamos y qué significados atribuimos a nuestras experiencias.
En ANDANA nos interesa especialmente esa relación entre la mirada y el autoconocimiento.
Entendemos la fotografía como una oportunidad para explorar nuestra historia, reconocer nuestras emociones y compartir diferentes maneras de comprender el mundo.
La investigación científica nos ayuda a formular nuevas preguntas sobre estos procesos. La práctica fotográfica nos ofrece un espacio creativo para explorarlas, aunque todavía necesitamos más estudios que permitan conocer con precisión sus efectos sobre la regulación emocional.
Nuestras fotografías hablan de aquello que miramos, pero también de quiénes somos cuando miramos.
La fotografía nos ofrece una oportunidad para expresar nuestras emociones: nos invita a descubrir que existen diferentes maneras de mirarlas, comprenderlas y relacionarnos con ellas.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change (2.ª ed.). Guilford Press.
BREAKDOWN – Michael TenBrink. Narra la vivencia de una crisis nerviosa que desencadena una intensa reacción emocional, incluyendo furia y desaliento, llevándolo a una sensación de pérdida de control. Sin embargo, encuentra catarsis y liberación disfrutando de una sesión fotográfica en espacios abandonados, una metáfora de su espacio interior.
Propuestas formativas que podrían ser de tu interés:
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Fotografía para conocerte es un programa pionero validado científicamente que utiliza la fotografía como herramienta para la reflexión personal, la creatividad y el desarrollo humano. Una propuesta desarrollada durante más de diez años y enriquecida por la experiencia de miles de participantes de diferentes países.
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Psicóloga, divulgadora y docente. Cuenta con más de 20 años de experiencia en la intervención comunitaria y la integración social. Investiga y acompaña a personas que apuestan por la fotografía como estrategia para potenciar su creatividad y como herramienta de crecimiento personal, desarrolla una importante labor divulgativa a través de artículos, masterclass y cursos en materias como la fotografía y la psicología o el acompañamiento de proyectos fotográficos personales. Autora de los libros "Fotografía para crecer. Guía práctica para enseñar fotografía en la infancia y adolescencia", "Descubre la fotografía. Mirar, crear y disfrutar desde la infancia" y "Eres aquello que miras" de la colección Fotografía para conocerte.