Fotoperiodismo humanista, psicología y fotografía…
Hay encuentros a los que llegas con muchas cosas que contar y de los que vuelves con muchas más preguntas, con conversaciones pendientes, con diálogos infinitos.
Del 1 al 3 de octubre estuvimos en Gijón participando en EIFA 2026, el Encuentro Internacional de Fotoperiodismo de Asturias. Un espacio de encuentro entre profesionales de la fotografía, el periodismo, el cine y los derechos humanos, con un programa de talleres, exposiciones y conversaciones alrededor de las imágenes y de la manera de representar el mundo.
Para Javier y para mí fue una experiencia especialmente emocionante. Nos permitió compartir el trabajo que desarrollamos desde ANDANA y nuestra experiencia en fotografía participativa, pero también escuchar a profesionales con trayectorias extraordinarias y acercarnos a otras maneras de comprender la responsabilidad de quien construye imágenes.
Mi participación se desarrolló en dos espacios: el Taller Fotoperiodístico: Mirar, Editar, Contar y la mesa redonda Fotoperiodismo humanistajunto a Ricardo García Vilanova (fotógrafo freelance especializado en zonas de conflicto y crisis humanitarias), Anna Surinyach (fotoperiodista especializada en refugiados y desplazados), Olmo Calvo (fotoperiodista especializado en documentar la crisis en España) y Moderado por Álex Zapico (fotoperiodista y documentalista español coordinador de EIFA).
Aunque tenían formatos y públicos diferentes, ambos compartían una pregunta que atraviesa buena parte de nuestro trabajo: ¿Qué ocurre cuando un grupo de personas puede expresarse a través de las imágenes?
Construir la mirada: de fotografiar a las personas a crear espacios fotográficos.
En el taller Mirar, Editar, Contar compartí algunas de las ideas que llevamos años explorando desde la psicología y la fotografía participativa.
A menudo pensamos que el acto fotográfico comienza cuando apretamos el botón. Sin embargo, mucho antes ya han ocurrido muchas cosas. Hemos decidido hacia dónde dirigir nuestra atención, qué nos interesa, desde dónde nos situamos y qué consideramos importante mostrar.
La fotografía nunca es una reproducción completa de la realidad.
Es una selección, que inevitablemente habla de la persona que mira.
Por eso, esa selección está relacionada con nuestra experiencia, nuestra cultura, nuestros conocimientos, nuestras expectativas y nuestra manera de comprender el mundo.
Donna Haraway señala que toda mirada parte de algún lugar. Reconocer desde dónde observamos no significa renunciar a conocer la realidad, sino comprender mejor las condiciones desde las que construimos ese conocimiento.
Existe una larga tradición de la fotografía humanista y una enorme contribución al reconocimiento de la dignidad y la experiencia de las personas.
¿Qué cambia cuando las personas fotografiadas participan también en la construcción de las imágenes y de los relatos?
La fotografía participativa nos invita a ampliar la relación entre quien fotografía y quien es fotografiado. Las personas pueden intervenir en aquello que se fotografía, en la interpretación de las imágenes, en las decisiones sobre su selección y circulación y, especialmente, en el propósito del proyecto.
Exploramos metodologías como Photovoice, la fotoelicitación y los recorridos fotográficos, entendiendo que cada una puede abrir posibilidades diferentes para la expresión, el diálogo y la construcción colectiva de conocimiento.
Compartimos también experiencias desarrolladas desde ANDANA y otras entidades, entre ellas proyectos vinculados con la inclusión, la memoria comunitaria y la participación social.
Una de las ideas centrales fue que la fotografía participativa no pretende sustituir la mirada del fotógrafo, sino incorporar otras perspectivas que pueden enriquecerla.
No se trata de renunciar a la autoría, sino de preguntarnos qué decisiones podemos compartir y qué conocimiento aparece cuando distintas experiencias entran en relación.
Fotoperiodismo humanista: una persona siempre es más que su fotografía
El sábado participé en la mesa redonda Fotoperiodismo humanista, junto a Ricardo García Vilanova, Anna Surinyach y Olmo Calvo, moderada por Alex Zapico.
Compartir esta conversación desde mi trayectoria como psicóloga fue especialmente interesante. Llevo 25 años trabajando en intervención social y acción comunitaria, y una de las enseñanzas fundamentales de la psicología humanista es que una persona siempre es mucho más que aquello que podemos observar de ella. Y, por supuesto, mucho más que aquello que podemos fotografiar.
Desde la psicología, Carl Rogers nos enseñó a comprender la importancia de la relación y propuso tres condiciones fundamentales: la empatía, la aceptación positiva incondicional y la congruencia o autenticidad.
La empatía nos invita a intentar comprender la experiencia desde el marco de referencia de la otra persona. La aceptación positiva incondicional nos recuerda que su valor no depende de sus circunstancias o comportamientos. Y la congruencia nos exige reconocer también nuestra propia presencia en la relación. Trasladadas a la fotografía, estas ideas abren preguntas relacionadas con ¿Cómo nos relacionamos con las personas que fotografiamos? ¿Qué sabemos realmente de ellas? ¿Qué parte de su experiencia desconocemos?
Una persona puede ser refugiada, migrante, tener una discapacidad o estar atravesando una situación de enorme vulnerabilidad. Pero ninguna de esas categorías contiene su vida entera.
Una persona puede necesitar ayuda y ayudar a otras. Sentir miedo y actuar con valentía. Vivir una situación terrible y conservar el humor, los afectos, los deseos y los proyectos.
Una fotografía puede decir una verdad sobre alguien sin contener toda la verdad de esa persona.
Y aquí aparece otra cuestión que abordamos: el papel de las imágenes en la construcción de nuestros imaginarios colectivos.
Las fotografías no circulan de manera aislada. Se encuentran con otras imágenes, con relatos anteriores y con las ideas que una sociedad ha construido sobre determinados grupos o realidades. Cuando una misma categoría de personas aparece representada repetidamente de una forma determinada, esa representación puede terminar pareciéndonos la única posible.
Por eso también es importante preguntarnos qué imágenes faltan y qué aspectos de la vida de las personas quedan habitualmente fuera de nuestros relatos.
Otra de las cuestiones que surgieron durante el encuentro fue si el fotoperiodista es también un activista, dónde se sitúa la frontera entre documentar una realidad y comprometerse con ella, y cómo mantener el rigor sin renunciar a los propios valores.
Pero también hablamos de aquello que rara vez aparece en las fotografías: las renuncias personales de quienes las hacen. Los largos periodos lejos de casa, los riesgos, la exposición al sufrimiento y las dificultades para conciliar esta profesión con la vida familiar. Desde la psicología podemos hablar de la necesidad de reconocer también a la persona que está detrás de la cámara, sus emociones, sus vínculos y su necesidad de cuidado.
La inteligencia colectiva y las posibilidades de la fotografía participativa
Desde mi experiencia en acción comunitaria, hay una idea fundamental: el conocimiento no pertenece a una sola persona.
El fotógrafo aporta su experiencia, su lenguaje visual, su criterio y su capacidad para construir relatos. Pero las personas fotografiadas poseen conocimientos sobre su propia vida y su contexto a los que difícilmente podemos acceder únicamente mediante la observación.
Cuando esos conocimientos se encuentran, pueden aparecer nuevas preguntas, interpretaciones y posibilidades. Esta es una de las bases de la fotografía participativa y de metodologías como Photovoice, desarrollada por Caroline Wang y Mary Ann Burris e influida por el pensamiento de Paulo Freire.
Freire defendía una construcción del conocimiento basada en el diálogo y en la participación activa de las personas. Photovoice utiliza las fotografías y las conversaciones que generan para identificar experiencias, reflexionar colectivamente y, cuando el proyecto lo permite, formular propuestas de transformación.
Lo importante no es simplemente entregar una cámara. Lo importante no es recibir montones de imágenes de un suceso, aunque las hayan creado las personas que estaban allí. Eso no es fotografía participativa.
La fotografía participativa reconoce la capacidad de las personas para producir conocimiento, interpretar su realidad y participar en las decisiones que afectan a los relatos construidos sobre ella.
Por eso, durante nuestra participación en EIFA, quisimos poner en valor una idea:
Compartir la mirada no significa que todos tengamos que ver lo mismo. Significa descubrir qué aparece cuando diferentes perspectivas pueden encontrarse.
Frente a la dureza de muchas de las realidades que documenta el fotoperiodismo, compartimos otra dimensión de nuestro trabajo en ANDANA: nuestra metodología incluye la fotografía participativa desde la alegría, el juego, la creatividad y el encuentro.
Trabajar con personas y comunidades implica reconocer sus dificultades, pero también sus fortalezas, sus deseos, su humor y su capacidad para disfrutar y construir juntas. A veces, una experiencia fotográfica que comienza con una propuesta divertida termina generando conversaciones, vínculos inesperados y nuevas maneras de comprendernos.
La alegría no es lo contrario del compromiso social; es una poderosa herramienta de participación y transformación.
El fotógrafo no desaparece, la autoría no se anula. La relación se amplía.
Una de las reflexiones que me gustaría conservar de estos días es que el fotoperiodismo humanista y la fotografía participativa no son propuestas enfrentadas.
El fotoperiodismo tiene una función imprescindible para documentar acontecimientos, dar testimonio de realidades y construir relatos que nos permiten comprender el mundo.
La fotografía participativa puede aportar otras herramientas para incorporar la experiencia de las personas, ampliar las interpretaciones y explorar nuevas formas de construir conocimiento.
Compartir decisiones no significa renunciar a la autoría. Significa reconocer que nuestra mirada, por valiosa que sea, siempre será parcial.
Y que a veces el encuentro con otras personas puede transformar no solo aquello que fotografiamos, sino también nuestra manera de comprenderlo.
Quizá una fotografía profundamente humanista no sea únicamente aquella que consigue representar a alguien con dignidad, solamente. Quizá se trata también de dejarse transformar por la persona a la que mira.
Nuestra participación en EIFA 2026, en vídeo
Compartimos aquí el vídeo de nuestra participación en la mesa redonda, donde podéis conocer estas reflexiones y las conversaciones que surgieron alrededor de la fotografía humanista, la representación y la construcción colectiva de los relatos.
Queremos terminar agradeciendo a Alex Zapico, Luigi Carinci y a todo el equipo de organización de EIFA la invitación, la atención y la enorme amabilidad con la que nos acogieron durante estos días.
Ha sido un verdadero placer participar en un encuentro tan interesante, cuidado y necesario, compartir conversaciones con profesionales a los que admiramos y disfrutar de un programa extraordinario de actividades y exposiciones.
Regresamos de Gijón con nuevas ideas, preguntas, aprendizajes y, sobre todo, con la alegría de haber conocido a personas con las que compartimos una profunda confianza en las posibilidades de la fotografía.
Gracias por abrir también un espacio a la psicología y a la fotografía participativa dentro de esta conversación.
ESPECIALIZACIÓN EN FOTOGRAFÍA PARTICIPATIVA Y CAMBIO SOCIAL
En esta especialización aprenderás a diseñar, desarrollar y evaluar proyectos de fotografía participativa en contextos educativos, sociales, comunitarios, culturales, sanitarios y organizacionales.
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Psicóloga, divulgadora y docente. Cuenta con más de 20 años de experiencia en la intervención comunitaria y la integración social. Investiga y acompaña a personas que apuestan por la fotografía como estrategia para potenciar su creatividad y como herramienta de crecimiento personal, desarrolla una importante labor divulgativa a través de artículos, masterclass y cursos en materias como la fotografía y la psicología o el acompañamiento de proyectos fotográficos personales. Autora de los libros "Fotografía para crecer. Guía práctica para enseñar fotografía en la infancia y adolescencia", "Descubre la fotografía. Mirar, crear y disfrutar desde la infancia" y "Eres aquello que miras" de la colección Fotografía para conocerte.