El Monasterio Zen Luz Serena ofrecía en febrero de 2017 una de las ofertas más interesantes en el aprendizaje de fotografía y realización personal, Dokushô Villalba, Maestro zen y Cesar Cerón, Doctor en psiquiatría y psicoterapeuta Gestalt, pusieron en marcha una experiencia sincera para las personas que allí asistimos: El taller Zen & Fotografía: La mirada contemplativa
Once personas aprendimos y practicamos la observación consciente, la capacidad de estar presente con la cámara, de percibir destellos de percepción, de admirar la belleza de lo cotidiano.
Fue un regalo la clase magistral de Dokushô sensei, y un placer las palabras de César y su acompañamiento. Cesar es un gran formador, sincero, con una cierta timidez que lo transforma en encantador, con una sonrisa contagiosa y una mirada llena de luz. Con sus palabras nos convenció de que las fotografías no se capturan, se reciben.
Le agradecemos su colaboración en este blog que es un regalo.
Fotografía y meditación de Cesar Cerón
La meditación y la fotografía tienen en común más de lo que en principio podríamos pensar: ambas ponen el foco en el momento presente, ambas exigen el más alto grado de conciencia, y ambas proporcionan mejores resultados cuando la mente está vacía y libre de distracciones y de influencias externas.
El término meditación procede del verbo latino meditari, cuyo significado es contemplar o deliberar, mientras que el término contemplación deriva del verbo latino contemplates, que significa mirar y observar.
Aunque la meditación y la contemplación pueden encontrarse en múltiples formas en muy diferentes tradiciones, me interesa destacar la meditación Zen, que considero especialmente interesante al encontrarse libre de dogmas asociados a cualquier doctrina en particular. Quiero enfatizar que cuando me refiero a la meditación zen (zazen) estoy hablando de una profunda inmersión en uno mismo, de un alineamiento de uno mismo con el corazón de su ser más íntimo.
La práctica de la meditación zen (zazen) es una excelente base para lograr una expresión artística auténtica y significativa. Su punto de partida es la ausencia de pensamiento, o mejor cabría decir la no fijación al pensamiento, puesto que es evidente que no podemos dejar de pensar, es algo consustancial a nuestra naturaleza como especie. Se trata más bien de mantenerse libre de pensamientos distractores que nos alejan de la conciencia de la experiencia directa.La práctica regular de la meditación nos va a permitir crear un espacio interior donde respirar tranquilamente, libre de las distracciones del mundo exterior, y también aventurarnos hacia la fuente de nuestra creatividad produciendo imágenes realmente claras y profundas. Por tanto, si nos centramos en nuestra creatividad inherente a través de la meditación y la contemplación podremos crear imágenes significativas capaces de irradiarse y sintonizar con los demás.
La meditación y la contemplación nos pueden ayudar a descubrir aquello que queremos expresar a través de la fotografía. La idea de la contemplación tiene un estrecho vínculo con la fotografía porque denota el acto de ver y considerar aquello que es visto. La fotografía es un medio artístico que te obliga a encontrar un estado de quietud mental porque requiere de paciencia; de hecho, raramente una buena fotografía proviene de un estado de ánimo apresurado. En ese sentido, la fotografía puede resultar un buen contrapunto a nuestro frenético ritmo de vida.
Continuamente estamos sometidos a numerosos estímulos y a un flujo de ideas incesante, que proyecta historias e imágenes en nuestra mente. Continuamente nos estamos hablando a nosotros mismos, dando vueltas y vueltas a las mismas historias que hemos sopesado una y mil veces. Empleamos nuestro tiempo preocupados por el pasado, que ya no existe, o por el futuro, que aún está por llegar. Es un flujo de pensamiento ubicuo que, sobre todo, nos arrastra fuera del presente, que es lo único realmente cierto. Como consecuencia, perdemos la conciencia del momento a momento de nuestra vida y apenas notamos su paso. Comemos, pero no saboreamos; oímos, pero no escuchamos; amamos, pero no sentimos. La vida se pierde entre nuestros dedos.
A veces podemos tener experiencias desencadenadas por fuertes estímulos sensoriales que puentean ese continuo ruido mental, y que nos permiten experimentar momentos de un modo claro y profundo. Seguro que en alguna ocasión has sentido esos momentos, en los que la calma reina en tu interior y te sientes liberado de todos esos pensamientos. Precisamente, soltar la mente de esos pensamientos intensivos es la finalidad de la meditación; aunque en realidad definir la condición del zazen como un objetivo a alcanzar es desvirtuar su sentido, puesto que el zen no tiene ninguna intención. No hay ninguna iluminación que alcanzar, nada que conseguir, simplemente estar. La práctica en sí misma es el objetivo.
Por tanto, mediante la meditación será posible aplicar una cierta disciplina, de modo que podamos soltar todo ese flujo parásito de ideas y, al mismo tiempo, conectar con nuestro ser íntimo, firmemente anclado al presente inmediato. Lo único que realmente existe es la calma de nuestros pensamientos y emociones que fluyen sin que nos sintamos atrapados por ellos.Y aquí es donde la fotografía entra en juego, puesto que no cabe imaginarse ninguna otra cosa que se base tanto en el momento presente que la fotografía. De hecho, la fotografía puede dividir los instantes en fragmentos de tiempo del orden de 1/8000 segundos!!El acto de fotografiar, y las imágenes resultantes, puede ser un gesto de mucha intimidad. Se trata de un medio que se presta particularmente bien a capturar la diversidad de modos y sentimientos que hay en el espectro de la emotividad humana. Nuestro modo de hacer fotografía viene a ser una expresión de nuestra personalidad, puesto que no sólo refleja la realidad externa, sino también la expresión de nuestros pensamientos y emociones individuales.
La fotografía comparte con la meditación esa preciosa forma de estar en la realidad: cuando estás profundamente en el momento visual presente con tu cámara se corta ese flujo del pensamiento que nos desvía el foco de atención. De hecho, para algunas personas resulta mucho más fácil concentrarse y permanecer en el presente mientras componen una fotografía que mientras se sientan en zazen. Cuando fotografiamos estamos sometidos a la estimulación sensorial de nuestro entorno mientras mantenemos la concentración por completo en el momento presente, y cuando nos sentamos en zazen por lo general no suele haber ningún estímulo a nuestro alrededor que distraiga nuestra atención. Te encuentras a solas con tu mente y, a menos que tu práctica meditativa sea tan profunda que hayas sido capaz de ignorar por completo tu diálogo interior, tu propio flujo de pensamientos será el único estímulo que te distraiga.
El objetivo de la meditación, y también del acto fotográfico, es experimentar la completa quietud de la mente. Pero, paradójicamente, cuando se logra esa quietud la mente no está vacía en absoluto. Por el contrario, numerosos creadores han expresado que cuando se alcanza ese silencio interior puede surgir el proceso creativo en todo su esplendor. Es en ese momento, que a veces se ha denominado “punto de anclaje”, cuando surge la fuente de la inspiración y la creatividad. Ese punto es el corazón del proceso creativo, es como el ojo del huracán, la calma dentro del caos. No es, como muchos creen, un vacío a donde retirarse, dejando fuera el mundo, sino un lugar en el que librarse del flujo incesante de pensamientos creando un estado de conciencia abierta y receptiva.El primer paso para acceder a ese punto es quedarse quieto, justo en lo que hay aquí y ahora. Justo en el instante en el que hago esa fotografía.
Cesar Cerón
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