Durante este curso de mindfulness y fotografía entendí que el silencio no es ausencia, sino presencia. Descubrí que cuando el ruido externo se detiene, ocurre algo profundamente humano: aparece mi propia voz interior. Ese espacio de quietud me permitió reconocer cuántas veces vivo en piloto automático, respondiendo sin pensar, caminando sin mirar, respirando sin sentir. El silencio se volvió una puerta para recordar que yo también existo cuando dejo de correr.
