Este curso me enseñó que la calma no es algo que se encuentra afuera; se entrena. Se cultiva. Se practica. Y que tanto el mindfulness como la fotografía son caminos hacia lo mismo: presencia, sensibilidad y autenticidad. Mirar por fuera para también mirar por dentro. Respirar para regresar. Y permitir que cada instante, por pequeño que parezca, revele algo que tal vez había pasado desapercibido.
Me llevo la certeza de que el silencio es necesario, la presencia es un regalo y la atención plena es una forma de vivir con más sentido, más conexión y más verdad.
