
El autoconocimiento es un proceso.
Es aprender a mirarse.
A ampliar la conciencia de quién eres.
Implica cuidar tu cuerpo, tus emociones, tus pensamientos.
Hacerte preguntas difíciles…
y darte respuestas honestas.
Mirarse no siempre es cómodo.
A veces da miedo.
No podemos hacer trampas.
Pero también es revelador.
Y profundamente liberador.
Cuando te conoces, todo se vuelve más claro.
Más sencillo.
Más libre.
Decía Virginia Satir que solo podemos amar aquello que conocemos bien.
Y desde aquí, te propongo un ejercicio.
Retrato de la ausencia.
¿Se puede retratar a alguien sin que aparezca en la imagen?
Piensa en los espacios que habitas.
Tu casa, tus objetos, los lugares donde pasas tiempo.
Incluso cuando no estás… hay algo de ti ahí.
Busca una imagen que hable de tu ausencia.
Un lugar, un detalle, un objeto que te represente sin que aparezca tu cuerpo.
Es momento de empezar a contarte… desde las imágenes.
