
Las zonas del cerebro que no se utilizan tienden a ser ocupadas o reorganizadas por otras funciones. Por eso, soñar es un proceso adaptativo que mantiene activo nuestro cerebro mientras dormimos. Durante la fase REM, seguimos “viendo” imágenes aunque tengamos los ojos cerrados.
Estas imágenes se generan en la zona encargada de procesar la visión cuando estamos despiertos: la corteza visual, situada en el lóbulo occipital, en la parte posterior del cerebro.
Al activarse mientras soñamos, esta región continúa funcionando, como si el cerebro estuviera entrenando la capacidad de ver incluso sin estímulos visuales externos. De hecho, algunas teorías sugieren que, si no soñáramos, esta actividad podría reducirse, llegando incluso a afectar a nuestras capacidades visuales.
Al despertar, nuestra vista habría sido invadida por otras funciones.
